Jesús sana a un hidrópico
Aconteció un sábado, cuando él entró en casa de uno de los principales de los fariseos para comer pan, que ellos lo observaban cuidadosamente. 2 Y he aquí, un hombre hidrópico estaba delante de él. 3 Entonces respondiendo Jesús, habló a los maestros de la ley y a los fariseos diciendo:
—¿Es lícito sanar en sábado, o no?
4 Pero ellos callaron. Entonces él lo tomó, lo sanó y lo despidió. 5 Y dijo a ellos:
—¿Cuál de ustedes, si su hijo[a] o su buey cae en un pozo, no lo sacará de inmediato en el día de sábado?
6 Y no le podían responder a estas cosas.
Lecciones acerca de la humildad
7 Observando a los invitados, cómo escogían los primeros asientos a la mesa, refirió una parábola diciéndoles:
8 —Cuando seas invitado por alguien a una fiesta de bodas, no te sientes en el primer lugar; no sea que otro más distinguido que tú haya sido invitado por él 9 y que, viniendo el que te invitó a ti y al otro, te diga: “Da lugar a este”, y luego comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. 10 Más bien, cuando seas invitado, ve y siéntate en el último lugar para que cuando venga el que te invitó, diga: “Amigo, sube más arriba”. Entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa. 11 Porque cualquiera que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
12 Dijo también al que lo había invitado:
—Cuando hagas comida o cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te vuelvan a invitar a ti, y te sea hecha compensación. 13 Pero cuando hagas banquete, llama a los pobres, a los mancos, a los cojos y a los ciegos. 14 Y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden retribuir pero te será recompensado en la resurrección de los justos.



